Minerva y Manolo hoy

A propósito de la puesta en circulación de la nueva edición del libro de Minou Tavárez M., titulado “Mañana te escribiré otra vez” que recoge el epistolario entre sus padres, me gustaría compartir algunas reflexiones que me ha provocado la lectura del libro.

Las figuras de Minerva Mirabal Reyes y Manuel A. Tavárez Justo son constantes tanto en la narrativa del nacionalismo épico dominicano, como en la discursiva política actual. Nunca falta el quien evoque sus nombres buscando alguna especie de validación en su discurso. Es tan así, que hoy día se apela a esas figuras desde cualquier lado del espectro político. Lo cual nos debe llevar a cuestionar seriamente qué contenido político se asocia a estas dos figuras cuando cualquiera puede evocarlas.

Desde pequeño puedo recordar que Minerva siempre ha sido tratada como parte de una trinidad: “Las Hermanas Mirabal”. La entrada y salida en escena de esta trinidad está marcada por su muerte, ordenada por el dictador Rafael Trujillo y ejecutada por agentes del SIM cuando éstas retornaban de haber visitado a sus esposos presos por oponerse al régimen. No obstante, de la vida concreta de Minerva se habla muy poco, por lo que ella aparece como una idea abstracta, lejana y vacía de contenido político.

Otro tanto pasa con su esposo, amante y compañero Manolo. Siempre se le presenta, con sus gafas oscuras como el guerrillero eterno, inalcanzable, incomprensible, más grande que vida. Pero al mismo tiempo, se le presenta como un idealista al que sería imposible reconectar con el presente, por lo que es mejor dejarlo en el pasado.

Al leer el epistolario, puesto a nuestra disposición por Minou, Minerva y Manolo empiezan a tomar forma concreta. Dejan de ser ideas abstractas y se convierten en personas de carne y hueso. Llegando a la mitad del libro, el lector se encontrará inevitablemente envuelto en la intimidad de esta joven pareja y le parecerá que se trata de dos de sus amistades.

Al llegar al final del libro se comprende, lo que a mi juicio, es la verdad fundamental de la vida de ambos. Lo realmente extraordinario de Minerva y Manolo es que se trata de dos personas que asumieron decididamente su responsabilidad ciudadana frente a una dictadura que amenazaba a toda la sociedad dominicana. Qué fácil hubiera sido para ambos seguir el ejemplo de tantas personas en su época y doblegarse a la voluntad del jefe. Nadie los habría culpado, pues casi todos lo hacían. Sin embargo, estos dos jóvenes, en medio de los avatares de su vida cotidiana, en medio del estudio, del ejercicio de su profesión, de la crianza de sus hijos, encontraron en su amor mutuo y el amor por sus familiares y amigos, la fuerza y la razón para organizarse políticamente y enfrentar la dictadura. “La narrativa épica de nada nos sirve para valorar la experiencia humana, porque la desvincula tanto de sus protagonistas reales, como de sus destinatarios”.

Haré énfasis nuevamente en el papel ético y político del amor para Minerva y Manolo, pues eso resalta sobremanera en el epistolario. Muchas veces pensamos la política solo desde un marco racionalista, y nos perdemos en los cálculos por ignorar la dimensión emocional de esa actividad. Ya lo señalaba Carl Schmitt, lo político puede surgir de las fuentes más diversas incluyendo las emociones.

Lejos de la visión apolítica que se presenta de estos dos personajes de nuestra historia, las epístolas que se remiten estos amantes revelan claramente que ambos estaban consientes de que los asuntos que nos son comunes a los habitantes de una sociedad demandan un actuar responsable. Para Minerva y Manolo la presencia de los otros, de sus amistades, familiares, conocidos es una presencia interpelante, y ellos deciden asumir responsablemente la interpelación. Así, la experiencia vivida por ambos y que se expresa en sus cartas está demasiada cargada de contenido político para poder ser asumida por cualquiera.

La lucha de ambos, decía Minou en la puesta en circulación de su libro, era por un país que no es le que tenemos hoy. En efecto, guardando las distancias, la práctica política autoritaria de la República Dominicana actual y que tan fielmente representa el partido de gobierno, es la heredera del trujillismo como fenómenos social y político. Esa práctica es incompatible con la de figuras como Minerva y Manolo, así como sus familiares, amigos y compañeros del movimiento antitrujillista, quienes llegaron hasta las últimas consecuencias, no por buscar protagonismo ni fama, sino por cumplir con la responsabilidad que les demandaba su condición de ciudadanos de un país necesitado de libertad y democracia.

Hoy día, como hace más de medio siglo, son muchas las personas que prefieren acomodarse en los discursos apolíticos del individualismo, o en un derrotismo pesimista para justificar su actitud de doblegarse frente a un sistema injusto, corrupto, discriminante. Olvidando quizás que la indiferencia y la apatía nos hacen cómplices de las injusticias.

Ni Minerva ni Manolo ni ninguna de las personas que se enfrentaron al régimen trujillista estaban hechos de una crema distinta al resto de las personas, tampoco tenían superpoderes. Lo extraordinario de su vida es cuan ordinarios eran y lo terriblemente humano de sus preocupaciones. En otras palabras, resulta quizás incomprensible que lo que les convirtió en personas fuera de serie haya sido asumir su responsabilidad para sus congéneres como algo tan inherente a su condición humana.

La narrativa épica de nada nos sirve para valorar la experiencia humana, porque la desvincula tanto de sus protagonistas reales, como de sus destinatarios, vaciándola de contenido ético y político en el camino. La ética y la política la encontramos únicamente en la vida concreta, humana y mortal de personas de carne y hueso como lo eran Minerva y Manolo.

El ejemplo de vida que nos dan ambos se convierte en un ideal ético en la medida en que sus convicciones y acciones políticas son entendidas como un resultado de la experiencia de vida de ambos y de sus emociones, tanto como de sus razonamientos. Esto cobra una importancia mayúscula cuando analizamos que la democracia solo puede funcionar cuando la ciudadanía está dispuesta a participar de la política y a asumir las consecuencias. Ojala el ejemplo de Minerva, Manolo y muchos otros pueda servir de inspiración para las nuevas generaciones de dominicanas y dominicanos que puedan verse reflejados en ellos.

Anselmo Muñiz

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Abogado, con máster en Derecho y Desarrollo de la Universidad de Manchester , Reino Unido. Ha realizado investigaciones sobre teoría social. Activista social involucrado en la lucha por los derechos humanos en la República Dominicana.

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